¿Extraterrestres en el antiguo Egipto?

Desde siempre los pueblos de oriente con su magia y misterio han maravillado a la sociedad moderna. Entre todos ellos, la antigua civilización egipcia y particularmente su origen, ha sido un tema que protagoniza del debate científico. En la actualidad, muchos se muestran convencidos de que los orígenes de Egipto se relacionan estrechamente con la llegada de seres del espacio, quienes tras colonizar las orillas del Nilo, habrían enseñado a sus antiguos habitantes la aplicación de sofisticadas técnicas para el mejor aprovechamiento de los recursos disponibles.

Por cierto que tal idea, abordada en decenas de libros, películas y documentales, puede parecer a primera vista una especulación fantasiosa, pero si nos adentramos en los grandes misterios del antiguo Egipto, veremos con sorpresa que ante nuestros ojos se abre un mundo sorprendente, en el cual, lo fantástico y lo real se dan cita sin distinciones de ningún tipo.

La Gran Pirámide
Como muestra de la presencia de estos extraordinarios seres en el pasado remoto, se presentarían las hoy famosas Pirámides, ubicadas a once kilómetros del Cairo (ciudad capital del actual Egipto), consideradas las más antiguas de las siete maravillas. Sobreviviendo al inexorable paso de los años se levantan imponentes sobre el horizonte, partiendo por la más colosal de estas superestructuras; la pirámide de Keops, acompañada de sus dos hermanas menores: las pirámides de Kefrén y Micerinos, todos nombres pertenecientes a faraones de la Cuarta Dinastía (siglo XXVI A.C.).

La pirámide de Keops tiene una altura de 146,6 metros y su peso aproximado es de siete millones de toneladas. Entre algunos de los detalles más intrigantes de su estructura, destacan los pocos bloques de revestimiento que aún son visibles en la cara norte. En la actualidad, sólo hay tres o cuatro de estos bloques de piedra. Inicialmente habría poseído cerca de 27.000 de ellos, los que se presentaban perfectamente encajados y pulidos, demostrando una alta precisión tecnológica para la época.

Esta precisión se ve reflejada en cada detalle de la Gran Prámide, como por ejemplo, en la juntura de los bloques que revisten los corredores interiores de las cámaras, en medio de las cuales no cave ni el filo de una cuchilla de afeitar.

La pregunta que más se repite al verla es ¿cómo y quienes la construyeron? Una interrogante que se acentúa aún más si hacemos caso a algunos de los más controvertidos estudios sobre el tema, disponibles en la actualidad.

La pregunta que más se repite al verla es ¿cómo y quienes la construyeron? Una interrogante que se acentúa aún más si hacemos caso a algunos de los más controvertidos estudios sobre el tema, disponibles en la actualidad.

El investigador Manuel José Delgado, un especialista en esta materia, hace notar que llama la atención de los arqueólogos la ausencia total de referencias a la ciencia y la tecnología aplicada en la construcción de la Gran Pirámide, en las excavaciones, inscripciones y textos egipcios. Algo que no es de extrañar, si tomamos en cuenta que la primera rueda encontrada pertenece a la XII Dinastía y que concretamente, la documentación arqueológica disponible se refiere a la civilización egipcia como: “una sociedad que avanzaba dificultosamente por el camino de la ciencia y que al cabo de tres mil años de evolución todavía necesitaba importar de Grecia los pocos conocimientos que llegó a poseer”.

“La Estela del Inventario”, una antigua inscripción jeroglífica, da cuenta de la existencia de la Gran Pirámide ya en tiempos del Faraón Keops, a la que se denominaba “Templo de Isis”. De hecho, se piensa que los arquitectos de Keops sólo intervinieron la estructura ya existente y cuyo origen se perdería en el pasado.

Los dioses del espacio
Según se detalla en un reportaje titulado "Los orígenes cósmicos de Egipto", escrito por el reconocido investigador español Javier Sierra, el relato de un sacerdote de Heliópolis, quien vivió en el siglo III a.C. y cuyo nombre sería Manetón, antes de Menes - el supuesto primer faraón dinástico egipcio – habrían existido dos periodos históricos bien diferenciados en el Egipto antiguo.

El primero, fue la era de los Neteru - o dioses -, que habrían descendido sobre Egipto durante el Zep Tepi (o "primer Tiempo"), reinando durante 13.900 años. Posteriormente, habrían seguido una especie de seres semidivinos denominados en algunos textos, como Shemsu Hor o compañeros de Horus, los que habrían reinado por un periodo de 11.000 años, hasta dar paso a los primeros faraones.

De los Shemsu Hor dan cuenta los textos jeroglíficos más antiguos. Inscripciones en pirámides de la V Dinastía en Sak-kara se refieren a ellos indistintamente, denominándolos "los brillantes" o "los resplandecientes". Según los egipcios de la antigüedad, los Shemsu Hor habrían conocido el hierro (un metal divinizado en la época) cuyos secretos les fueron entregados por el mismísimo Horus, quien habría reinado 300 años sobre Egipto a juzgar por los dichos de Manetón.

Los OVNIs del antiguo Egipto
Pero no todas fueron historias de dioses o seres en el antiguo Egipto; si los dioses efectivamente venían del cosmos, entonces no es extraño que sus naves, que se asemejarían a nuestros actuales discos voladores, hayan surcado los cielos egipcios hace ya miles de años, siendo descritos por los escribas de la época en diversos textos jeroglíficos.

Este es el caso del famoso “Papiro Tulli”, un manuscrito minuciosamente estudiado por el egiptologo italiano Boris de Rachewiltz, respetado traductor de jeroglíficos egipcios. Según éste, el documento consiste en un pequeño texto de la XVIII Dinastía (hacia el 1475 a.C.), redactado durante el reinado del faraón Tutmosis III, y en el que se describe un avistamiento del propio faraón de un extraño “circulo de fuego”.

continuación el texto original del traductor:

“En el año 22, tercer mes de la estación de peret (la germinación) en la hora sexta del día (14 horas)... dos escribas de la Casa de la Vida escucharon un circulo de fuego que estaba viniendo por el cielo. No tenía cabeza. Su olor era desagradable. Entonces, ellos tuvieron miedo y huyeron,... y fueron a decírselo a Su Majestad. Todo esta recogido en la Casa de la Vida. Su Majestad reflexionó sobre lo que había pasado. Han transcurrido muchos días después de lo ocurrido... Son numerosos al igual que todo... Ellos brillan en el cielo igual que el Sol lo hace sobre las cuatro columnas que sujetan el cielo... Entonces los círculos de fuego... El ejército del rey estaba (en aquel lugar) y Su Majestad los vio (con sus propios ojos). Esto sucedió después de la hora de la última comida. Allí arriba (en el cielo), ellos se marcharon hacia el sur. Del cielo cayeron peces y aves... algo inaudito desde el comienzo de los tiempos. Su majestad colocó incienso para apaciguar a Amón Ra, Señor de las Dos Tierras... en un documento de la Casa de la vida... eternidad”.

Por cierto que este relato no es el único, pero ha sido inevitablemente el que más ha llamado la atención de los ufólogos modernos y así como no es difícil asociar lo observado en tiempos de Tutmosis III a nuestros actuales avistamientos de ovnis, tampoco podemos desconocer la posibilidad de que extraordinarios eventos asociados con la visita de extraterrestres, puedan tener relación con la gestación y desarrollo de la extraordinaria y aún desconocida civilización egipcia, y su descomunal legado arquitectónico.